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Mundos

David Jiménez

26 febrero 2010 > 30 abril 2010

David Jiménez nos propone una serie de fotografías donde, según palabras de Alejandro Castellote, la deliberada ambigüedad de sus imágenes minimalistas es también una declaración de principios. Las suyas son fotografías sin interés aparente, que parecen disfrutar de un código de complicidad que se transmite al espectador sólo al cabo de un largo periodo de observación. Fotografías que se esconden tras lapsos visuales y que adquieren propiedades hipnóticas al menor descuido. Fotografías que no suministran evidencia alguna pero cuya capacidad de evocación recubre lo cotidiano de un aura poética. Hay en su trabajo una mirada persistente hacia la periferia de nuestra atención, una mirada extasiada que descubre elementos fascinantes en los escenarios más banales. Sus imágenes emergen en voz baja del silencio.

Tomadas una a una pueden parecer fruto del azar, pero el conjunto de su obra muestra una sintaxis privada, coherente y reconocible. No hay mención al tiempo, pero su ausencia convierte las escenas que fotografía en mutaciones visibles de los recuerdos. Recuerdos de instantes, de experiencias vividas o fantaseadas, representadas a través de elipsis. El proceso de elaboración de sus imágenes es el resultado de un profundo conocimiento de la naturaleza del lenguaje fotográfico. Su personal estética sublima una buena parte de la evolución que ha experimentado la fotografía en los últimos 30 años; incorpora el hermetismo formal de las polariods de Robert Frank y la poesía post beat de Bernard Plossu con ecos al mejor Ralph Gibson de los años setenta. Se ha desprendido de la vocación descriptiva de la Fotografía para ilustrar sin grandilocuencias los estratos más interiores del ser humano. Sus fotografías son un sutil ejercicio de introspección constante, fluido y desdramatizado, en abierta sintonía con el carácter ingobernable de los sentimientos.

David jiménez se sirve de un medio tan tautológico como la Fotografía para realizar un bucle semántico y ponerla al servicio de la representación de lo intangible. La fragilidad de los mensajes que contienen sus imágenes en realidad es la estructura invisible desde la que construye otros universos. Porque al final todas sus fotografías hablan de él, le describen metafóricamente y, paralelamente, nos permiten recuperar esos fragmentos de nuestros propios recuerdos que la jerarquía de la memoria ha desplazado a un lugar apartado de nuestra conciencia y de nuestras descripciones