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Humor Vítreo

Fernando M. Romero

22 noviembre 2013 > 11 enero 2014

Fernando M. Romero presenta una selección de su obra más reciente bajo el título “Humor Vítreo” . En esta muestra encontramos por primera vez de forma conjunta sus últimas pinturas y fotografías, donde el artista teje un diálogo entre ambas disciplinas en el que desnuda los procesos que intervienen en la construcción de la imagen y, del mismo modo, de nuestra realidad.

Mediante la fotografía el artista registra intervenciones efímeras realizadas en espacios y escenarios construidos en su estudio, sobre los que dibuja patrones, formas geométricas e interferencias con cinta y materiales sencillos. De esta manera, mediante la captura fotográfica del proceso, elabora imágenes en las que se introduce una interferencia en la forma en que percibimos el espacio ante la cámara. Son imágenes aparentemente sencillas que esconden una tensión entre el espacio real por un lado y la imagen que sobre él se construye y que sólo cobra sentido desde un punto de vista concreto: el de la cámara-observador.

Por medio de este proceso Fernando M. Romero amplía el campo de acción que ya había explorado en sus anteriores intervenciones site-specific y coloca al observador en un punto de vista y un instante concretos reforzando así su interés en el carácter artificial de nuestra percepción. Entre las fotografías que presenta en “Humor vítreo” se encuentran precisamente dos obras resultado de su reciente intervención site-specific en el espacio de Candyland Gallery (Estocolmo) el pasado mes de octubre.

Por otro lado, las pinturas profundizan en la misma condición subjetiva y artificial de nuestra percepción de la realidad. “Humor vítreo” hace alusión al líquido presente en el globo ocular que permite una recepción nítida de las imágenes. Sin embargo es en ese mismo líquido donde en ocasiones se producen opacidades que percibimos como artefactos o motas negras que se desplazan en nuestro campo de visión. En esos casos percibimos como externo lo que se produce en realidad en nuestro interior.

En las pinturas de Fernando M. Romero se manifiesta ese interés por mostrarnos no la realidad en sí, sino el cómo construimos nuestra imagen de la misma, registrando los artefactos que la distorsionan y evidenciando la incapacidad de ver de forma objetiva y sin intervenir aquello que observamos. Así, las imágenes nunca tienen en su pintura un inicio definido, sino que se contaminan mutuamente y se deslizan de una pintura en otra, en un proceso líquido en forma de bucle, plegando y desplegando sus referentes. El resultado final son pinturas que no nos permiten abstraernos de la retórica y los artefactos de la imagen, donde los referentes se han desligado de su significado original y flotan condensándose de forma aleatoria, enfrentándonos así al carácter fragmentario y autorreferencial de la lectura que hacemos del mundo que nos rodea. En esa lectura, al igual que lo que sucede con esas opacidades del humor vítreo, asumimos como externo y objetivo lo que no es más que un artefacto interno.