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Después del salto de página

Raúl Hevia

17 septiembre 2011 > 29 octubre 2011

Raúl Hevia (Oviedo, 1965) presenta para esta ocasión dos de sus series más recientes. La serie Nunca volverás a casa, es una investigación sobre el entorno de lo cotidiano y desde lo cotidiano, un acercamiento al concepto de ausencia y su presencia (como pesada y poderosa contradicción) en los objetos más cercanos de quien vive esa ausencia. Se trata de establecer una distancia con lo que se tiene más de cerca a través de unas series de fotografías que hacen patente esta relación con lo ausente. Recorrido o viaje dentro del propio domicilio del protagonista, un interior que se abre y se hace presente día a día, imagen tras imagen.

La ausencia hace referencia al tiempo, como constructor de un imaginario a través del espacio de lo cotidiano, un tiempo a la vez lejano y cercano, vinculado directamente con la infancia. En realidad, esta casa que se representa en el espacio del museo es también algún lugar de la infancia, ni no la misma infancia. En general, no se trata de poner cara a algo que se echa de menos, sino de plantear cómo aquello que irremediablemente ya no está deja su huella en el entorno y en los objetos, los cuales nos ponen en contacto de nuevo con ello. Los objetos cotidianos y ordinarios se hacen extraordinarios cuando se relacionan con un momento particularmente extraordinario y son vehículos de nuestras emociones al mismo tiempo que imagen y portadores de significados.

Treinta y seis años sin tristeza es un trabajo que recoge fotográficamente las páginas de un cuaderno o diario personal, donde se ha ido narrando con imágenes y palabras una historia muy particular. Un relato que, con el tiempo, ha sido borrado en parte, eliminando de él lo superfluo o lo anecdótico por el propio autor, limitándose a mantener lo esencial, o, mejor dicho, lo que ha permanecido de esencial en el tiempo. Se trata de un ejercicio de recuperación de la memoria personal, amplificada a través de fotografías de gran formato. El poder de enseñar con gran detalle que posee la fotografía, traiciona, voluntariamente, en cierta medida ese espíritu de secreto o intimidad del diario escrito a mano y que se puede cerrar. Se trata de un proceso de hibridación de lenguajes: lo que se ve eslo que se lee. Y la protogonista es la palabra. Y la memoria que se elige enseñar.

Muestra realizada en colaboración con Galería Nuble.